1959
Saber vivir es ir hacia la muerte alegre y despreocupado

La primera vez que entré en el bar de Toru fue como atravesar un portal de teletransporte hacia otro tiempo y otro lugar. En cuanto abrí la puerta, una campanilla tintineó encima de mi y fui recibido por un sonoro: “¡Buenas noches!”. Al girarme, mi mirada se fijó en un simpático señor japonés tras una barra. Detrás de él, filas de botellas de distintos licores eran iluminadas a contraluz, creando una variedad de colores hipnotizantes.
Al entrar en aquel sitio, íntimo y oscuro, el soundsystem escupía un hilo musical tan nítido que casi se podían apreciar las ondas sonoras moviéndose a través de la sala. Sonaba jazz. Era un ambiente que contrastaba totalmente con lo que encontrábamos apenas unos metros más abajo: cientos de estudiantes borrachos, coches ruidosos y esquivando a relaciones públicas de pubs preguntando: “Hola chicos, ¿os apetecen unas copas en introduzca_aquí_bar_random?”. De repente, aquello se sentía como estar en casa. La tranquilidad se palpaba en el ambiente.
“¿Qué os puedo ofrecer?”. Yo seguía aún embobado, observando cada detalle del lugar al que me habían traído, y no me había dado cuenta que Toru me preguntaba qué quería tomar. Eran alrededor de las 23:00, habíamos estado cenando y por lo tanto era el momento perfecto para un cóctel.
“Ahí está la carta. Echadle un vistazo y me decís que os apetece”. La carta de cócteles estaba dividida según la base alcohólica y presentaba decenas de nombres para cada uno. En esa época, siendo un veinteañero, no tenía mucha idea de lo que llevaban porque no había probado más allá de los clásicos 'cubatillas' entre amigos pero, por lo que veía tomar a mi gran compañero Jo, sabía que quería algo con vodka. Le pedí un Screwdriver, sin embargo, me advirtió de que todavía no era temporada de naranjas y que él solo lo preparaba con fruta de temporada. Así que esa noche me quedé con las ganas y opté por otra sugerencia.
No fue hasta mi segunda visita cuando finalmente pude probar aquel cóctel. “Me acaban de traer naranjas del Valle de Lecrín”, me dijo. Para quien no se ubique, el Valle de Lecrín es una comarca que se encuentra a unos 30 minutos de la ciudad de Granada y que es muy famoso por sus naranjas, entre otro tipo de productos, debido a su microclima especial.
Toru no tiene prisa. Al fin y al cabo esto es su hobby más que su negocio. Se toma todo el tiempo necesario para la preparación, pero es que el tiempo ya se había detenido antes al cruzar la puerta. Mientras tanto, miro las paredes con cuadros de Dizzy Gillespie, John Coltrane y Bill Evans, entre otros. Al poco rato regresa con los cócteles y un bol de palomitas recién hechas.
Más adelante, en otra ocasión antes de un concierto, fuimos más temprano porque me dijeron que también servía tapas hasta cierta hora. Cosa que me sorprendió bastante. Recuerdo que el horario ya había cambiado al de verano y aún había mucha luz. Toru nos recibió de nuevo y nos preguntó qué queríamos. Yo pedí una cerveza y él me aclaró que tenía muchas variedades, destacando que la de barril era una triple malta. Así que me pareció perfecta la sugerencia de la triple malta.
He estado buscando por internet esa cerveza, que juraría que era una Voll Damm triple malta, y no he obtenido ningún resultado así que me gustaría creer que se la fabricaban única y exclusivamente a él. Ojalá fuera así.
Le pregunté por curiosidad si ponía tapas y su respuesta me pareció brillante: “Estamos en Granada. ¿Cómo no voy a poner tapa?”. Es alucinante lo rápido que se pega la ‘malafollá’. Nos sirvió la cerveza fría, con posavasos sobre la mesa de madera, y de tapa nos puso unos yakisoba.
El bar de Toru siempre estaba abierto cuando surgía una ocasión especial para celebrar. La última vez que fuimos fue en julio de 2024, para celebrar el cumpleaños de mi hermano y el mío, sin saber que sería nuestra última visita.

Unos años antes, alguien preguntó en el subreddit de r/Granada que cuál era el mejor bar para tomar cócteles en la ciudad. Respondí recomendando el local de Toru.
Meses después de nuestra última visita, intentamos volver una noche de sábado y lo encontramos cerrado. “Qué raro”, pensé. Toru siempre abría. No le di más importancia. Sin embargo, volvimos a intentarlo otro fin de semana y seguía cerrado. Empecé a extrañarme, aunque supuse que se estaría tomando un descanso. En ese intervalo, otra persona respondió a mi comentario de Reddit preguntando por los horarios, a lo que contesté que yo también lo había encontrado cerrado últimamente.
Pasaron los meses y, de repente, recibí una notificación en Reddit: Alguien me había respondido diciendo que Toru estaba en coma y que había fallecido trágicamente. Entré totalmente en shock.
Le pregunté cómo podía saber algo así, ya que no suelo fiarme de desconocidos en internet, pero la historia empezó a cobrar sentido. Tiempo después, la misma persona me dio detalles de alguien que trabajaba en el hospital en aquel momento.
Al pasar por delante de la puerta y verla siempre cerrada, terminé creyéndolo.
Ha pasado más de un año desde el cierre. Cuando empecé a escribir aquí, añadí a mi lista de ideas rendirle un homenaje a Toru. Así que un día al empezar con el borrador sobre lo que quería escribir, me di cuenta de que tenía muy poca información y además era sabido que a Toru no le gustaba mucho publicitarse, por lo que en internet no había apenas nada.
Mi amiga Rocío dibujó una bonita ilustración inspirada en él y pudo contarme algo sobre su vida, pero no era suficiente. Así que, antes de seguir, fui a preguntar al restaurante Antonio Pérez, situado justo al lado, para averiguar si sabían algo más sobre él.
Bien, pues resulta que Toru está vivo. Aquel comentario de internet no era más que una verdad a medias. Toru se está recuperando de un accidente que ocurrió en su bar, pero ahora está mejor. Es todo lo que sé y tampoco necesito saber más que eso. Para mi fue un vuelco en la historia al nivel de Searching for Sugarman. Desde este pequeño rincón perdido de internet, solo puedo desearle una pronta recuperación. No espero que vuelva a abrir pronto, pero sería una grata sorpresa si lo hiciera.
En este post simplemente me apetecía compartir esta historia. No hay ninguna receta especial ni nada complejo. A su salud, prepararé un Screwdriver ahora que estamos en plena temporada de cítricos para rememorar las primeras veces que visité su bar.
75 ml de vodka
120 ml de zumo de naranja
Hielo
Una rodaja de naranja (opcional)
Simplemente hay que llenar un vaso tipo Collins con hielo hasta arriba, añadir el vodka, el zumo de naranja y mezclar.
Lo siento Toru por no haber usado naranjas del Valle de Lecrín pero estas son del naranjo de mi madre y se estaban cayendo ya al suelo de lo cargado que estaba el árbol.
En verdad tengo ganas de ir por allí en cuanto tenga vacaciones. Antes íbamos muchísimo por Restábal ya que allí estaba nuestro restaurante favorito de toda Granada, el Thai Elephant pero desgraciadamente su dueña falleció hace años. Era un sitio único que da para escribir otra historia similar.
Do you realize that everyone you know someday will die?
Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que escribí algo por aquí que lo que tenía en mente ha ido variando durante el último mes. La temática de este post estaba clara pero un hecho que me ha afectado bastante y no podía pasar por alto. Que hayamos perdido a Jorge Martínez y a Robe Iniesta en apenas un día de diferencia ha hecho que sus canciones no dejaran de sonar en casa. Como el propio Robe cantaba: “No he vuelto a ser el mismo desde que se fue Gillespie, Zappa, Mercury, Camarón”. Y ahora contigo también, Robe.
Lamentablemente, no pude ver a ninguno de ellos en directo. Tuve varias oportunidades recientes y, por una cosa u otra, no fui. Qué perra es la vida a veces. Sin duda, el momento que más me hubiera gustado presenciar fue aquel final de las fiestas del Zaidín en 2004 cuando, bajo el diluvio, Jorge Martínez guitarra en mano, acabó el concierto de Ilegales él sólo sobre el escenario sin el resto de la banda. Legendario momento.
Normalmente no me afecta la muerte de artistas que no conozco personalmente, pero en este caso han sido muchos años con sus canciones de fondo y eso deja una huella y recuerdos asociados que son imposibles de borrar. A este año tristemente se suma además David Lynch con quién sentí una especial conexión tras terminar las temporadas 1-2 de Twin Peaks en 2024. Y este año, al ver su trabajo en la tercera temporada, te das cuenta de la magnitud de la pérdida. Y qué decir de Brian Wilson también, aunque sus últimos años no fueron los mejores nos quedaremos con algunos de los mejores discos de la historia.
No voy a negar que este ha sido un post de temática bastante bajona y quizás no sea lo que alguien puede esperar de una newsletter supuestamente de cocina pero me apetecía hablar sobre ello. Escribir esto me ha recordado que a menudo damos por sentada la presencia de las personas que nos importan, asumiendo que siempre estarán ahí. Disfrutad de la compañía y del momento sin prisa. A veces puede suceder, sin que nos demos cuenta, que estemos viviendo un "última vez" de algo sin ni siquiera enterarnos.
A vuestra salud.




¡Qué chulo! Qué bueno leerte de nuevo! Y qué bien el girito en la historia de Toru! 🤗