Cookin' Macarrones
Mis comienzos con la cocina, bombos distorsionados y un puñado de recuerdos grabados en mp3
Estoy tirando bastante de memoria en mis primeros posts para intentar plasmar algunos recuerdos sobre cocina y música que me apetecía compartir y, por supuesto, este será otro más antes de intentar hablar sobre otros temas mas “actuales”.
Para seguir completando el recetario canónico, primero elaboré una lista de las comidas que más suelo hacer durante la semana porque son las que menos ejercicio mental tengo que hacer para preparar y que cocino de manera casi automática de tanto repetir. No voy a negar que tengo un sesgo importante con la comida italiana ya que, aparte de ser una de mis preferidas, comparte muchísimos ingredientes y preparaciones con la gastronomía española. Entonces es por eso que semanalmente incluyo siempre al menos una pasta y/o un risotto. Normalmente son recetas sencillas de preparar pero que literalmente hacen que solo piense en la hora de terminar de trabajar para ponerme con ellas.
Con el paso del tiempo habré visto cientos de videos sobre pastas, intentando ver técnicas y variaciones para perfeccionar las recetas. Es ya casi una obsesión para mi conseguir una receta de pasta para que quede a mi gusto. Digo esto porque creo que todos los que leéis esto seguramente recordaréis con cariño los clásicos macarrones con tomate que nos hacían nuestras madres y que daba igual la técnica y todo lo demás porque estaban buenísimos. O por lo menos ese es el recuerdo que guardo como contaba en el post de la pasta de setas, cuando llegaba del colegio los viernes con todo el fin de semana por delante y mi madre solía haber preparado un plato de macarrones. Para mí era el mejor momento de la semana. En cambio creo que seguramente también tendréis recuerdos del mismo plato pero con los típicos macarrones aplastaos y pegaos. De esos, en cambio, no guardo tan buen recuerdo, aunque escuchando una entrevista a Sal del Coche veo que no todos guardamos los mismos recuerdos por ellos (lo del arroz amarillo también es otro recuerdo desbloqueado).
Creo que la mayoría de nosotros hemos tenido la suerte de que nuestras madres (o abuelas incluso cuando tenían que dejarnos con ellas porque tenían que trabajar) nos hayan preparado cosas buenísimas sin que nos hayamos estrujado la cabeza como ellas. Pero una vez que quise prepararle algo a mi madre, me di cuenta que no había cocinado apenas nada en mi vida. Y así es como en mi caso fui aprendiendo de ellas. Me decían “prepara esto”, “prueba de sal esto otro ”, “no te vayas a cortar” (acto seguido cortándome el dedo), etc. Hasta que un día a mi abuela le dio por regalarme un libro con recetas típicas de la comida italiana que aún conservo a día de hoy.
Sin saberlo ella, eso fue el detonante máximo de que haya acabado así de obsesionado con la cocina hasta hoy. Porque el muy bobo de mi decidió que era buen día para improvisar una receta del libro, que nunca antes había preparado y con -2 de experiencia, cuando venían mis tíos y mis primos a comer a casa. Abro el libro y veo que no tiene pinta de ser difícil y tenemos de pura casualidad todos los ingredientes (mas o menos) para hacer un risotto alla Milanese y me pongo con ello antes de que aparezcan mis primos a comer.
Creo que pude ver el agobio en la mirada de mi madre al improvisar todo esto porque creo que ella tenía ya todo medio preparado para la comida y yo decidí hacer esto además. Bueno, pues al final con la incalculable ayuda de mi santa madre salió bastante bueno, aun usando arroz normal y queso manchego en sustitución de lo que no teníamos. A todos nos gustó mucho y acompañó perfecto otra carne que había preparado mi madre. Ahí me di cuenta de que puedes hacer feliz a la gente preparándoles cosas con cariño para comer. Y aún sigue siendo mi motivación a día de hoy. La verdad, no recuerdo cocinar algo conscientemente hasta mucho más adelante cuando también con mi madre preparamos una sopa de miso casera que salió buenísima pero en la que liamos lo que no está escrito para hacer el caldo dashi…
Así que bueno, esta es la historia de cómo me empezó a interesar la cocina como un hobby más, como a la música que ya estaba presente en mi vida como después contaré. Aprovechando estos recuerdos voy a hacer 3 risottos que me encantan, son sencillos (por lo menos los dos primeros) y que si yo pude con 13 años vosotros también.
Risotto a la Milanesa (+ risotto base para cualquier otro)
INGREDIENTES (2 personas)
1 L de caldo de verduras (preparé como 3 litros de caldo casero dejando durante 1h a fuego lento en una olla cebolla, puerro, apio, zanahoria y cubriendo con agua hasta arriba echando la sal al final. Esto lo podéis hacer con antelación y tener varios botes incluso congelados para que sea más fácil después).
40 g de mantequilla o margarina
1 chalota picada fina (se puede usar también media cebolla si no)
200 g de arroz Arborio o Carnaroli
60 ml de vino blanco seco
Un buen pellizco de hebras de azafrán
Unos 20-30 g de parmesano rallado (cantidad extra para añadir después más)
RECETA
Ponemos el caldo a calentar y lo dejamos a fuego bajo. Hacemos una infusión con el azafrán y un poco agua que haya hervido.
Calentamos la mitad de la mantequilla/margarina y un chorrito de aceite de oliva adicional si queremos y salteamos la chalota/cebolla picada unos 5 minutos a fuego bajo hasta que esté translúcida.
Agregamos el arroz y aumentamos un poco la temperatura de la sartén y sofreímos unos 2-3 minutos hasta que notemos que los granos de arroz huelan un poco a tostado. Hay quien tuesta primero el arroz en el primer paso sin ninguna grasa y luego lo retira para añadirlo después en este paso pero a mi me gusta más así.
Agregamos el vino blanco y cuando se haya evaporado añadimos un cucharón de caldo caliente y removemos a fuego medio. A partir de aquí podemos poner un temporizador con el tiempo indicado en el paquete. Hasta este punto nos sirve como base para cualquier risotto. El objetivo es ir removiendo de vez en cuando y, cuando el caldo se haya casi absorbido, añadir otro cucharón poco a poco así hasta que cuando se vaya a terminar el tiempo quede un poco de caldo pero no esté seco del todo. A no ser que como con los macarrones aplastaos nos guste el risotto en modo mazacote.
Añadimos la infusión de azafrán y seguimos removiendo y añadiendo caldo esperando a que el cucharón anterior se haya absorbido hasta que se vaya a terminar el tiempo de cocción.
Cuando haya pasado el tiempo probamos el grano para que esté tierno. Si vemos que le hace falta un poco más todavía pues echamos medio cucharón o así y dejamos un rato más. Cuando esté el grano tierno y quede un poco de caldo, retiramos del fuego, dejamos reposar tapado unos 3 minutos. Añadimos el resto de la mantequilla y el queso parmesano. Removemos todo para que se integre y mantecamos con fuerza en la sartén. Tiene que quedarse cremoso pero no líquido. Si vemos que se queda un poco líquido pues añadimos más parmesano y, al revés, si se queda hecho una plasta pues añadimos un chorrito de caldo. La cosa es conseguir una textura cremosa.
Lo ideal es servir en platos llanos como se hace tradicionalmente pero si no simplemente añadirle un poco más de queso parmesano al servir y a mi me gusta molerle también un poco de pimienta negra pero esto al gusto.
Risotto al vino tinto
Este risotto fue un descubrimiento para mi porque está buenísimo y es igual o más sencillo aún de preparar que el anterior pero sólo hay que cambiar un par de ingredientes. Los ingredientes son exactamente los mismos que en la receta anterior pero hay que cambiar el vino blanco por un vaso entero de vino tinto y no lleva azafrán. El vino que uséis aquí pues lo de siempre: que sea uno que os vayáis a beber pero tampoco hace falta que sea caro.
Aquí simplemente cuando hayamos sellado los granos de arroz es cuando añadimos el vaso entero de vino tinto y la preparación sigue exactamente igual añadiendo el caldo poco a poco cuando se haya absorbido el vino.
Al final mantecamos igual, pero también quería comentar que la sartén que uséis tiene que ser fácil para mantecar, es decir, cuando añadamos al final la mantequilla y queso tiene que permitir hacer la mezcla con facilidad cogiendo la sartén y haciendo movimientos ondulatorios hasta que todo esté cremoso y ligado. Es muy divertido de practicar y si queréis ver más detalladamente el método os dejo este video que es una masterclass de mantecatura.
Risotto de calabaza
Este risotto es mucho más sofisticado y complejo de preparar pero merece la pena para una ocasión especial y sobre todo si os han dado una calabaza y no sabéis que hacer con ella. Yo cuando siempre lo suelo hacer es en temporada de calabaza y que alguien me acaba regalando una.
En verdad no es tan complicado pero lo que más tiempo lleva de este risotto es la preparación previa de la calabaza. Necesitamos como 500g de calabaza tipo butternut. Recomiendo, ya que se está limpiando la calabaza, aprovechar para cortar el resto y hacer otra receta con ella o congelar para usarla más adelante.
Lo que haremos será cortar la calabaza ya limpia en cubitos más o menos de 2-3 cm, añadir aceite de oliva, sal y tomillo y extender la calabaza en una bandeja de horno para hornear durante unos 45 min a 180 ºC, removiendo a mitad para que se haga por todos lados igual.
Una vez horneada, apartaremos la mitad para añadir después, reservando unos cuantos daditos para decorar al final, y con la otra mitad haremos un puré con un cucharón de caldo caliente. Trituramos la calabaza y debemos obtener un puré más bien líquido ya que se usará para la cocción del arroz.
Aquí empezamos el mismo proceso de siempre con los anteriores risottos pero, cuando comencemos a echar cucharones de caldo, incorporaremos también el puré que hemos triturado. En esta receta debemos de estar más pendientes que con el resto de remover durante la cocción del arroz porque puede pegarse al fondo y hay que controlar que nunca le falte caldo. Al final casi del proceso de cocción añadiremos la otra mitad de la calabaza asada a la sartén.
Mientras tanto si queréis se pueden freír en un poco de mantequilla/margarina unas cuantas hojas de salvia para decorar al final, con cuidado que se queman muy rápido. Cuando termine la cocción mantecamos como siempre con mantequilla/margarina y parmesano, servimos y añadimos los cubitos de calabaza que habíamos reservado, más parmesano al gusto, las hojas de salvia y esparcimos unas gotas de la mantequilla de salvia también por encima.
El resultado será un poco más cremoso que los anteriores. Un poco dulce pero salado a la vez con los toques del tomillo en la calabaza y las hojas crujientes de salvia.
Sugar never tasted so good
Muchísimo antes de interesarme la cocina ya me gustaba la música, desde muy pequeño, y junto con posteriormente los videojuegos, son las dos cosas que forman parte de mi personalidad desde siempre. Mi primer recuerdo vivo de escuchar algo conscientemente puede parecer sorprendente porque tendría como 3 años y ahora pensándolo bien ¿qué cojones hacía yo escuchando hardcore techno a esa edad? Bueno sí, es que era el ‘95 y era lo que se escuchaba por todos lados.
Cuando iba a casa de mi primo mayor (sí, el mismo al que le preparé el risotto años más tarde) para mí era como entrar a un mundo nuevo. Como dejar a un niño suelto en una tienda de chuches sin supervisión. Cuando llegaba y estaba escuchando música a toda hostia a mi me encantaba y me ponía a bailar automáticamente delante del equipo de sonido. Recuerdo que tenía toda la colección de los recopilatorios Thunderdome pero había uno en especial, el 10, que a mí me llamaba mucho la atención con 3 años y al logo de Thunderdome yo le llamaba “el tío fuerte” y le decía a mi primo que me pusiese el “pum pum” todo el rato. Tanto me gustaba que me tuvieron que grabar en una casete y ya en mi casa me la ponía una y otra vez bailando delante de la minicadena.
Cuando iba en el coche también le decía a mi padre que la pusiese. Los tenía que tener a todos chalaos porque me sabía de memoria las canciones. Por ese año también alguien me regaló la cinta del Sonic Mix y, aunque en esta ocasión era un mix más Eurodance, de igual manera me sabía todas las canciones y pasaba las tardes poniendo las cintas y bailando en mi casa. Vaya berridos pegaba con el “estoy llorando por tiii”.
De igual manera que comentaba Ramón en su primer post del Kiribati, con la llegada del internet primigenio pudimos tener acceso a lo que queríamos escuchar, pero en mi caso al no tener internet hasta mucho más tarde todo vino primero por mi primo mayor, que hacía como una especie de dealer entre todo lo que llegaba a mis oídos. Así fui creciendo y mi primo siempre iba por delante proporcionándome buena mierda. Menos mal que vivíamos cerca en el mismo barrio y antes ya me dejaba jugar al Sonic en la Sega Mega Drive pero cuando sacaron la PlayStation siempre quería ir para su casa a jugar al Spyro y Crash Bandicoot. Recuerdo que por esa época sonaba Prodigy y los Chemical Brothers mientras nos echábamos partidas durante la noche. En una de esas visitas me grabó el Americana de Offspring cuando ya tenía lector de CD en casa y ese disco fue mi puerta de entrada hacia el rock. Estaba tan obsesionado con el grupo que con 7 años quería llevar siempre el pelo de punta. Ahí le doy el punto a mi madre por no dejarme ir al colegio así.
Ya a eso del 2005 llegó el ADSL a mi casa y pude empezar a descargarme la música que me decían mis amigos de clase, como System of a Down, que llevaba en uno de los primeros reproductores mp3 que tenía como 512 MB y solo podía meter unas pocas canciones. Por esa época me apuntaron también a unas clases de inglés con gente más mayor. Ahí tuve la suerte que el profesor, que estaba de sustitución, en los ratos muertos nos recomendaba pelis y grupos guapísimos. No recuerdo lo que aprendí de inglés pero sí que de las primeras películas que descargué fue Trainspotting, Requiem for a Dream y Kids y, con 13 años, me dieron toda la educación que tuve sobre drogas y sexo. Pero este profesor también me recomendó un grupo que no conocía y que se llamaba The White Stripes y que por aquel año acababan de sacar el Get Behind Me Satan. Antes de los ‘looolololololooolooo’ en estadios, esa guitarra y batería volaron mi cabeza completamente. Por aquella época, pasaba algunas temporadas ingresado en el hospital debido a unos problemas de salud que tuve y, cuando pude hacer el upgrade al iPod como reproductor de música, lo rellené con toda la discografía de los White Stripes, que hacían que me dieran igual los días ingresado porque Meg y Jack estaban ahí para hacerme compañía.
Después, cuando empezaron a florecer los blogs de música especializados, todos los grupos que iba descubriendo era a través de ahí y fueron forjando mis gustos musicales hasta el día de hoy. De entre esos blogs que seguía estaba Hipersónica que me descubrieron, entre más gente, a Ty Segall que se convirtió en seguida en mi artista de cabecera en esos momentos. Desde entonces, no he podido parar de leer sus tops y tiers.
Es en este internet donde floreció toda la cultura que cambió mi vida y que ahora, por culpa del tecnofeudalismo, está siendo destruido tal y como lo hemos conocido. Lo que antes era una fuente de conocimiento inagotable ahora se está convirtiendo en un pozo capitalista sin fondo para extraer nuestro tiempo y nuestro dinero. Debemos recuperar el control del internet que nos está siendo robado. Cuidemos los pocos espacios humanos que quedan en internet. Es la única forma de asegurar que historias así sigan siendo posibles y de que nuestros gustos nazcan del descubrimiento real y no de un algoritmo al mejor postor.









